El jardín

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Le hablaba a las flores.

Contaba en sus historias los amores olvidados. Se mecía con ellas, al ritmo del viento, sentía en sus mejillas el frío de la tarde.

Le hablaba a las flores.

Tocaba con sus dedos los tríos de pétalos de color rosa. Buscaba entre ellos aroma, inexistente. Quería aspirar su frescura, subir a su altura, mezclarse con ellas.

Le hablaba a las flores, y escapaba. Sumergiendo en el silencio del jardín sus palabras en susurros. Despolvando los sueños olvidados en cada palabra. Soltando cada nudo amarrado al corazón.

A veces, también las flores le hablaban.

Ser libre o morir

«Procuraré conservarme bueno, conservaré mi corazón y mi cabeza.»
Juan Pablo Duarte

7 de junio de 1864
Te vieron salir por la puerta. Llevabas contigo el peso de años de lucha constante. En ese instante llegaron a tu mente todo lo hablado y compartido en esas reuniones sociales, el sudor en la frente ante el temor de ser descubierto, el olor a pólvora de tus valijas, el olor a lo escondido, todo para que apoyaran tu ideal. Todo por la libertad.

Te habían comprometido a buscar más fondos para la restauración, y ¿quién sino tú para luchar por la patria?. Te decían que eras importante, que eras una pieza clave en la lucha contra los invasores. Pero mentían Duarte, mentían como lo hacen aún ahora. Usaron tu nombre y tus fuerzas sólo para mandarte lejos, a que te perdieras en el olvido y en el tiempo. Te enviaban a un suelo ajeno a saldar sus deudas con tu vida. Como lo habían hecho antes, como lo han hecho siempre.

Esa tarde, mientras el sol se ocultaba de Santo Domingo, partiste a Venezuela para volver sólo a la tumba. Nos perdimos de ti, mi General, de tus ideas siempre abiertas, de tus clases, de tus versos, de tu pasión. Nos perdimos del respeto a la tierra que nos acoge. Olvidamos la dignidad del hombre que trabaja por su patria y, enarbolando banderas extranjeras, echamos agua al fuego del cambio. Olvidamos nuestro nombre, Duarte, pero los campos aún gritan. No todo esta perdido.

Mas Quisqueya la indómita y brava
Siempre altiva la frente alzará;
Que si fuere mil veces esclava
Otras tantas ser libre sabrá.

Entre dos

Me gustan las esquinas.

Me gustan para leer, para estudiar. Me gustan en los muebles para refugiarme cuando hay mucha gente a mi alrededor y sólo quiero observar. Las esquinas me sirven de apoyo cuando la mochila está pesada. Las esquinas me sirven para confluir dos grandes ideas y discernir entre ellas. Me ayudan a desperezarme cuando la charla está aburrida. Las esquinas me gustan. Me gustan para visualizar la salida cuando ya he decidido dar el siguiente paso.

Contigo

 

112

Tomar la mochila y cerrar la puerta de la casa.

Sentarme del lado del pasajero y apagar la radio.

Orar. Volver a prender el radio(a todo volumen y con músicatropical)

Tomar la carretera y pasear.

 

Aún no son las 9 de la mañana y ya el sudor corre porque el aire acondicionado no funciona.

Así quiero contigo. Todos mis viajes contigo. Todos los viajes.

Que no importe si el auto funciona perfecto o no, que no importe el tiempo.

Que de igual qué vamos a comer o si hay baños cerca.

Que seamos tu y yo y cada canción que cantemos a todo pulmón en el camino.

Tu y yo y las selfies con extraños que tomemos con el celular.

Así quiero contigo. Todos mis viajes contigo. Todos los viajes.

 

Pacientes

Me detengo a mirarlos. Uno que otro también me ve. Se mueven despacio en los pasillos, la mayoría porque no sabe a dónde va. Se visten de colores y llevan abrigos. Tienen compañía. La hora pico es la ideal para observarlos. Alrededor de las diez de la mañana no queda lugar para sentarse. Entonces callan. Esperan.

Ellos no saben que los miro. Aunque, a veces, alguno de ellos también me mira. Que observo sus manos frotándose una con otra, como cargándose de energía para la batalla. Que miro sus frentes arrugadas por lo incierto. Que noto sus piernas moverse una y otra vez, como acelerando el reloj para conocer el diagnóstico.

También veo sus sonrisas. La cálida esperanza que se dibuja en sus rostros tras una buena noticia. Veo las miradas cómplices, cómo se estremecen justo antes de saberlo. Más que eso, siento sus abrazos sin tocarnos nada. Los abrazo yo también.

Creación

A pasos de gigante se pasa el tiempo. Aquél que los seres humanos nos hemos impuesto a nosotros mismos para cuantificar qué tanto dedicamos a una u otra cosa. Alguna vez debió ser más sencillo. Salir a la noche y gritarle a las estrellas con sólo una mirada. Decirles que estamos listos, que el desafío es inminente. Estar en pie de guerra y vencer al mundo.

“Ni el miedo, ni la desesperación. A su lado estaré…será una aventura increíble.” M. 4×7