Obsesión

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Techo del Museum of Fine Arts, Boston

Dónde nadie mira. Descubrir en ellos el detalle y dejarme llevar por su profundidad. Los techos me atraen como niña al dulce. Seguir las líneas es un pasatiempo perfecto cuando la reunión está aburrida o para dejar pasar las horas cuando estoy esperando. Mis favoritos son antiguos y redondos, llenos de imágenes de otras épocas y con una vista hacia el cielo. Es divertido imaginarse quienes han estado bajo ellos a través de su historia. Talvez algún día también alguien me imagine a mí.

Desde donde estoy

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No teníamos nada.

Espacios vacíos, ventanas, puertas y muchas ilusiones. Todavía nos faltan bombillos porque, bueno, hemos ido rellenando de lo que hemos necesitado. No imaginamos el esfuerzo que emplearíamos. Cruzar paredes con tornillos, pintarlas, disponer de servicios(luz, agua, cable, internet…) montar espejos, pintar cuadros de cartón porque no teníamos con qué poner uno de verdad. Reciclar, reusar.

Desde donde estoy puedo mirar el abanico de techo que no planeamos nunca. El mueble que compramos a un 5% de su valor original. Los muebles que han sido sofá y cama según la situación. Miro las flores que me has traído ayer sobre la mesa del comedor que hemos pagado a plazos. En la cocina asoma la nevera con la puerta ocupada por recuerdos: fotos, un calendario, magnetos de frutas y vegetales. Observo el balcón y sus cortinas casi transparentes y cómo el sol se mete a bañarlo todo de luz. Siempre quise una casa llena de luz.

Y te miro a ti. Pegado del computador creando tus cosas. Te descubro cada día cómo si fuera un nuevo sueño. Cierto que sólo hay que abrir los ojos para ver qué tanto uno tiene.

El jardín

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Le hablaba a las flores.

Contaba en sus historias los amores olvidados. Se mecía con ellas, al ritmo del viento, sentía en sus mejillas el frío de la tarde.

Le hablaba a las flores.

Tocaba con sus dedos los tríos de pétalos de color rosa. Buscaba entre ellos aroma, inexistente. Quería aspirar su frescura, subir a su altura, mezclarse con ellas.

Le hablaba a las flores, y escapaba. Sumergiendo en el silencio del jardín sus palabras en susurros. Despolvando los sueños olvidados en cada palabra. Soltando cada nudo amarrado al corazón.

A veces, también las flores le hablaban.

Ser libre o morir

«Procuraré conservarme bueno, conservaré mi corazón y mi cabeza.»
Juan Pablo Duarte

7 de junio de 1864
Te vieron salir por la puerta. Llevabas contigo el peso de años de lucha constante. En ese instante llegaron a tu mente todo lo hablado y compartido en esas reuniones sociales, el sudor en la frente ante el temor de ser descubierto, el olor a pólvora de tus valijas, el olor a lo escondido, todo para que apoyaran tu ideal. Todo por la libertad.

Te habían comprometido a buscar más fondos para la restauración, y ¿quién sino tú para luchar por la patria?. Te decían que eras importante, que eras una pieza clave en la lucha contra los invasores. Pero mentían Duarte, mentían como lo hacen aún ahora. Usaron tu nombre y tus fuerzas sólo para mandarte lejos, a que te perdieras en el olvido y en el tiempo. Te enviaban a un suelo ajeno a saldar sus deudas con tu vida. Como lo habían hecho antes, como lo han hecho siempre.

Esa tarde, mientras el sol se ocultaba de Santo Domingo, partiste a Venezuela para volver sólo a la tumba. Nos perdimos de ti, mi General, de tus ideas siempre abiertas, de tus clases, de tus versos, de tu pasión. Nos perdimos del respeto a la tierra que nos acoge. Olvidamos la dignidad del hombre que trabaja por su patria y, enarbolando banderas extranjeras, echamos agua al fuego del cambio. Olvidamos nuestro nombre, Duarte, pero los campos aún gritan. No todo esta perdido.

Mas Quisqueya la indómita y brava
Siempre altiva la frente alzará;
Que si fuere mil veces esclava
Otras tantas ser libre sabrá.

Entre dos

Me gustan las esquinas.

Me gustan para leer, para estudiar. Me gustan en los muebles para refugiarme cuando hay mucha gente a mi alrededor y sólo quiero observar. Las esquinas me sirven de apoyo cuando la mochila está pesada. Las esquinas me sirven para confluir dos grandes ideas y discernir entre ellas. Me ayudan a desperezarme cuando la charla está aburrida. Las esquinas me gustan. Me gustan para visualizar la salida cuando ya he decidido dar el siguiente paso.

Contigo

 

112

Tomar la mochila y cerrar la puerta de la casa.

Sentarme del lado del pasajero y apagar la radio.

Orar. Volver a prender el radio(a todo volumen y con músicatropical)

Tomar la carretera y pasear.

 

Aún no son las 9 de la mañana y ya el sudor corre porque el aire acondicionado no funciona.

Así quiero contigo. Todos mis viajes contigo. Todos los viajes.

Que no importe si el auto funciona perfecto o no, que no importe el tiempo.

Que de igual qué vamos a comer o si hay baños cerca.

Que seamos tu y yo y cada canción que cantemos a todo pulmón en el camino.

Tu y yo y las selfies con extraños que tomemos con el celular.

Así quiero contigo. Todos mis viajes contigo. Todos los viajes.