Ser libre o morir

«Procuraré conservarme bueno, conservaré mi corazón y mi cabeza.»
Juan Pablo Duarte

7 de junio de 1864
Te vieron salir por la puerta. Llevabas contigo el peso de años de lucha constante. En ese instante llegaron a tu mente todo lo hablado y compartido en esas reuniones sociales, el sudor en la frente ante el temor de ser descubierto, el olor a pólvora de tus valijas, el olor a lo escondido, todo para que apoyaran tu ideal. Todo por la libertad.

Te habían comprometido a buscar más fondos para la restauración, y ¿quién sino tú para luchar por la patria?. Te decían que eras importante, que eras una pieza clave en la lucha contra los invasores. Pero mentían Duarte, mentían como lo hacen aún ahora. Usaron tu nombre y tus fuerzas sólo para mandarte lejos, a que te perdieras en el olvido y en el tiempo. Te enviaban a un suelo ajeno a saldar sus deudas con tu vida. Como lo habían hecho antes, como lo han hecho siempre.

Esa tarde, mientras el sol se ocultaba de Santo Domingo, partiste a Venezuela para volver sólo a la tumba. Nos perdimos de ti, mi General, de tus ideas siempre abiertas, de tus clases, de tus versos, de tu pasión. Nos perdimos del respeto a la tierra que nos acoge. Olvidamos la dignidad del hombre que trabaja por su patria y, enarbolando banderas extranjeras, echamos agua al fuego del cambio. Olvidamos nuestro nombre, Duarte, pero los campos aún gritan. No todo esta perdido.

Mas Quisqueya la indómita y brava
Siempre altiva la frente alzará;
Que si fuere mil veces esclava
Otras tantas ser libre sabrá.

Procuraré conservarme bueno…

“Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi patria libre, independiente y triunfante”

Y miraba a lo lejos… casi le parecía escuchar el silencio de la noche mezclado con los latidos rápidos y fuertes de los corazones de aquellos hombres que se adentraban en las penumbras. Sus ojos azules brillaban al sentir la misma determinación y esperanza que llevaban aquellos que iban a la lucha. Él, alumbrado sólo por una vela solitaria en la mesa frente a la ventana, sentado escribía en el diario que había sido su compañero luego de tener que abandonar su país.

 

Hacía varios días que no sabía de aquellos a los que había instruido en el deber, a quienes llamaba amigos, pero sí sabía que a esa hora, ese 27 de febrero, deberían estar dando los pasos hacia el triunfo, los pasos a la libertad. Y le dolía. Saber que en ese mismo instante podría estar a caballo, cruzando las históricas calles de la ciudad, con la bandera soñada, con los sueños de tantos años y de tantos hombres y mujeres, con el futuro de tantas generaciones por venir. Porque no sólo pensaba en él, no, pensaba en la Patria, en la tierra, en la sangre… en la gente… en la libertad.

 

Trabajemos por y para la Patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos. Trabajemos, trabajemos sin descansar, no hay que perder la fé en Dios, en la justicia de nuestra causa y en nuestros propios brazos” J.P.Duarte