Fuego de fé

“Con armas en mi alma, balas de amor, fuego de fe, en pie de guerra ante el enemigo que no se deja ver”. Soraya

 

Cruzó la puerta de aquel consultorio, se sentó tras el escritorio que le separaba de su médico y confidente de muchos años. Pasó el sobre cerrado, y esperó… Las palabras que salían de los labios de aquel amigo se hicieron sonoras en su alma. El frío que le cubría minutos antes se había convertido en fuego líquido en sus mejillas. Cáncer. Como si no existieran 6 mil millones de personas más a quienes pudiera ocurrirle. Infiltrante. Añadiendo a su carga de cosas, de hijos, de trabajo, de problemas de pareja, de sueños tronchados.

In situ. No se dio cuenta cómo llegó al auto, cuando pestañeó por tercera vez, tomó el teléfono, se lo contó como pudo a sus personas más importantes, y ese decidió a emprender la larga travesía de análisis de laboratorio, citas médicas, salas de espera, medicamentos y dolor. Dolor por las noches interminables de duda, de preguntas sin respuestas, de incertidumbre para ella, para los suyos. Dolor quemante en su pecho tras descubrir su debilidad. Dolor por aquellos que le dieron la espalda y hacían falta.

De repente, seis meses después, una cirugía, muchas oraciones y siete pañuelos nuevos para cubrir el pelo ausente,  se levanta una mañana, se mira al espejo… y se descubre a sí misma… y se ama.

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